Deportes
4 Abr 2025
El legado de Marcelo “El Toro” Domínguez: de campeón del mundo a formador en Ituzaingó
Por: Belén Medina.
El Toro realizó un repaso por su distinguida carrera, su paso por el Cenared de Ituzaingó, su rol como entrenador y también por su otra faceta como actor y locutor de radio.
“Con el boxeo empecé con unos amigos en un gimnasio, y el único que quedó enganchado fui yo. Esto fue en 1985, cuando tenía 15 años. Ya a los 16 empecé a boxear como amateur. Cabe mencionar que ahora se puede practicar boxeo a partir de los 14 años, pero en esa época era a partir de los 16. Como profesional debuté en 1991. En ese momento no había muchos en mi categoría, en peso grande. Nunca hubo muchos en Argentina, pero en esa época menos. Además, había cerrado el Luna Park. Ese era el contexto”, recordó Marcelo “El Toro” Domínguez en una entrevista exclusiva con Ituzaingó Digital.
En 1993, El Toro alcanzó lo que tanto esperaba: se convirtió en campeón argentino tras vencer a Néstor Giovannini. Dos años después logró su título de campeón del mundo. “Yo, con siete peleas, ya era campeón del mundo. Hoy un chico con siete peleas es un semifondista”, explicó. Luego continuó: “Eso fue lo que impulsó mi carrera. Ahí empecé a figurar en el ranking mundial hasta llegar a la pelea n.º 15, donde disputé mi primera pelea profesional por el título mundial contra el francés Anaclet Wamba. Fue una pelea donde me robaron, había ganado claramente. Luego de esa pelea volví a combatir por el título mundial y me consagré campeón en 1995 en Francia”.
Más tarde, defendió su título mundial en varias oportunidades. “Perdí en la sexta defensa del título. Después subí de categoría a peso pesado, donde disputé campeonatos argentinos, sudamericano y latinoamericano. Ahí fueron las famosas peleas con la Mole Moli: hicimos tres y le gané las tres, dos por nocaut”, detalló. “En esa etapa también peleé contra el ucraniano Nicolás Valuev, campeón del mundo. Lo anecdótico de esa pelea es que mide 2,17 metros, es un gigante. Fue un combate terrible. Cuando bajé de nuevo a crucero, volví a disputar el título mundial de esa categoría. Perdí y me retiré”, agregó.
Sin embargo, ese no fue su retiro definitivo, ya que a los 43 años volvió a pelear. “Hasta los 45 hice diez peleas más, de las cuales gané nueve. Y ahí sí me retiré”, confirmó. Cabe mencionar que, en paralelo, El Toro dedica gran parte de su carrera a la enseñanza desde 1998. “A partir de los 45 años me dediqué de lleno. En 2006 me enfoqué en el gimnasio y en trabajar con chicos. Tuve muchos campeones argentinos, sudamericanos y latinoamericanos. También un campeón internacional. Hace poco, tuvimos una campeona del mundo, la Chiqui Rivera. Hoy los chicos están trabajando fuerte para hacer carrera”, destacó.
“Con mi socio y amigo Ignacio Artime trabajamos todos los días en la Federación Argentina de Box en boxeo profesional. Además, de forma recreativa, doy clases en un gimnasio de Lomas de Zamora, el Base 54. Me gusta enseñar, sobre todo en la parte profesional. Ese fue mi mundo”, aclaró. “Entrené muchísimos años en el Cenared (Centro Argentino de Excelencia Deportiva), en Ituzaingó, con Carlos Mazzone. También trabajé como profesor ahí”, recordó con cariño.
El campeón del mundo no se convirtió en profesor de un día para el otro. Contó que se capacitó mucho para desempeñarse en ese rol. “Después de dejar el boxeo me puse a estudiar, terminé el secundario. Luego estudié psicología del deporte y gestión deportiva en el Comité Olímpico Argentino. También Programación Neurolingüística (PNL). Me dediqué de lleno al estudio. Hoy estoy en la Secretaría de Deportes como jefe nacional de entrenadores de la Escuela de Iniciación Deportiva. Trabajamos en todo el país, particularmente con los profesores, brindando capacitaciones y manejando los programas de enseñanza”, mencionó.
Por otra parte, el boxeador multifacético publicó en 2011 su libro autobiográfico titulado El día que fuimos campeones. Durante mucho tiempo hizo radio. “Hasta hace poco tuve una etapa como actor (risas). Trabajé en series de televisión y en algunas películas, tanto como actor como coach. Algunas de ellas fueron La pelea de mi vida, con Mariano Martínez y Federico Amador; dos temporadas de la serie El Tigre Verón, donde interpreté al guardaespaldas de Julio Chávez; y una serie para Disney llamada Las reglas del boxeador, con Agustín Bernasconi”, indicó.
“Me gusta actuar, creo que me gustó siempre. Lo descubrí después, cuando empecé a hacerlo, porque me sentía seguro. Creo que esa seguridad venía de haber estado tanto tiempo expuesto al público. También haber hecho radio y estar todo el tiempo hablando me dio soltura”, añadió.
Cuando se le consultó sobre qué lugar ocupa el boxeo en su vida, El Toro aseguró: “Tengo 55 años, cuarenta años metido en el boxeo. Tengo más vida de boxeador que vida propia (risas). El boxeo lo fue y lo es todo. Hasta me educó. Me permitió recorrer varios países, me dio mucha exposición y muchas oportunidades. Hoy el boxeo es mi vida”.
En 1993, El Toro alcanzó lo que tanto esperaba: se convirtió en campeón argentino tras vencer a Néstor Giovannini. Dos años después logró su título de campeón del mundo. “Yo, con siete peleas, ya era campeón del mundo. Hoy un chico con siete peleas es un semifondista”, explicó. Luego continuó: “Eso fue lo que impulsó mi carrera. Ahí empecé a figurar en el ranking mundial hasta llegar a la pelea n.º 15, donde disputé mi primera pelea profesional por el título mundial contra el francés Anaclet Wamba. Fue una pelea donde me robaron, había ganado claramente. Luego de esa pelea volví a combatir por el título mundial y me consagré campeón en 1995 en Francia”.
Más tarde, defendió su título mundial en varias oportunidades. “Perdí en la sexta defensa del título. Después subí de categoría a peso pesado, donde disputé campeonatos argentinos, sudamericano y latinoamericano. Ahí fueron las famosas peleas con la Mole Moli: hicimos tres y le gané las tres, dos por nocaut”, detalló. “En esa etapa también peleé contra el ucraniano Nicolás Valuev, campeón del mundo. Lo anecdótico de esa pelea es que mide 2,17 metros, es un gigante. Fue un combate terrible. Cuando bajé de nuevo a crucero, volví a disputar el título mundial de esa categoría. Perdí y me retiré”, agregó.
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Sin embargo, ese no fue su retiro definitivo, ya que a los 43 años volvió a pelear. “Hasta los 45 hice diez peleas más, de las cuales gané nueve. Y ahí sí me retiré”, confirmó. Cabe mencionar que, en paralelo, El Toro dedica gran parte de su carrera a la enseñanza desde 1998. “A partir de los 45 años me dediqué de lleno. En 2006 me enfoqué en el gimnasio y en trabajar con chicos. Tuve muchos campeones argentinos, sudamericanos y latinoamericanos. También un campeón internacional. Hace poco, tuvimos una campeona del mundo, la Chiqui Rivera. Hoy los chicos están trabajando fuerte para hacer carrera”, destacó.
“Con mi socio y amigo Ignacio Artime trabajamos todos los días en la Federación Argentina de Box en boxeo profesional. Además, de forma recreativa, doy clases en un gimnasio de Lomas de Zamora, el Base 54. Me gusta enseñar, sobre todo en la parte profesional. Ese fue mi mundo”, aclaró. “Entrené muchísimos años en el Cenared (Centro Argentino de Excelencia Deportiva), en Ituzaingó, con Carlos Mazzone. También trabajé como profesor ahí”, recordó con cariño.
El campeón del mundo no se convirtió en profesor de un día para el otro. Contó que se capacitó mucho para desempeñarse en ese rol. “Después de dejar el boxeo me puse a estudiar, terminé el secundario. Luego estudié psicología del deporte y gestión deportiva en el Comité Olímpico Argentino. También Programación Neurolingüística (PNL). Me dediqué de lleno al estudio. Hoy estoy en la Secretaría de Deportes como jefe nacional de entrenadores de la Escuela de Iniciación Deportiva. Trabajamos en todo el país, particularmente con los profesores, brindando capacitaciones y manejando los programas de enseñanza”, mencionó.
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Por otra parte, el boxeador multifacético publicó en 2011 su libro autobiográfico titulado El día que fuimos campeones. Durante mucho tiempo hizo radio. “Hasta hace poco tuve una etapa como actor (risas). Trabajé en series de televisión y en algunas películas, tanto como actor como coach. Algunas de ellas fueron La pelea de mi vida, con Mariano Martínez y Federico Amador; dos temporadas de la serie El Tigre Verón, donde interpreté al guardaespaldas de Julio Chávez; y una serie para Disney llamada Las reglas del boxeador, con Agustín Bernasconi”, indicó.
“Me gusta actuar, creo que me gustó siempre. Lo descubrí después, cuando empecé a hacerlo, porque me sentía seguro. Creo que esa seguridad venía de haber estado tanto tiempo expuesto al público. También haber hecho radio y estar todo el tiempo hablando me dio soltura”, añadió.
Cuando se le consultó sobre qué lugar ocupa el boxeo en su vida, El Toro aseguró: “Tengo 55 años, cuarenta años metido en el boxeo. Tengo más vida de boxeador que vida propia (risas). El boxeo lo fue y lo es todo. Hasta me educó. Me permitió recorrer varios países, me dio mucha exposición y muchas oportunidades. Hoy el boxeo es mi vida”.
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Belén Medina
Periodista
Belén Medina, es periodista y docente. Licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), y periodista digital en Formación DKA de Sevilla, España.